sábado, 10 de diciembre de 2011

5 de diciembre


Y así fué. Dicho y hecho y despues del reencuentro, volví a juntarme con mi inseparable alma de aventuras y nos embarcamos en la fiesta valenciana. Nos rodeamos de las mejores amistades que uno pueda tener en tan dichosa capital, Valencia. Nos encontramos con Eli, el inseparable amigo de fiestas de Alvaro, Guti, Pachus (una muy simpatica chica que la conocí esa noche) y Dani. Estuvimos de chachara en el piso de Eli hasta casi las 5 de la mañana, bebiendo, riendo y conociendonos todos un poco más, y aún con las horas contadas, disfrutamos de lo lindo pudiendo estar juntos una vez más. Yo estaba mega agotada, durante el dia tuve emociones prou fuertes, pero los amigos de Alvaro son lo mejor y no me lo queria perder. Una vez que supimos arrancar nuestras nalgas de los sofás y sillas que habia x todo el salón, partimos a la nefasta discoteca Pacha de Valencia. Que como dice un buen amigo mio, kk de la vaca. Pero estabamos todos juntos y eso es lo que nos importaba. El resto del mundo se fundia en los sueños de la noche. Nosotros fuimos a dar lo mejor de nosotros mismos durante las dos horas que nos quedaron de la magia noctura.
Hasta que cerraron. Andreu fue el que mas lo dió. Su entrega fue la más significativa. Tanto fue asi que hasta su casa lo tuvimos que acompañar Alvaro y yo. Y una vez solos, los susodichos partimos en busca de la estación de metro perdida por una de aquellas noctámbulas calles valencianas.
Aprovechando la risa y nuestra tonteria Alvaro se emperraba en regalarme unos tacones, no siendo ellos unos buenos Manolo Blanick ni nada que se le asemejaran, lo unico que podiamos tener claro era que eran del Corte Inglés y de Pierre Balmain. Le entró en su cabeza fiestera que me los tenia que quedar... tanto fue asi que hasta la parada del metro cargamos con ellos, dejándolos en la dicha de algun afortunado que le gustaran. Y Alvaro, me decia todo el rato que habia estado ahorrando siete años para poder regalarme esos divinos tacones, y que bueno que si no los queria yo, que se los regalaría a mis sobrinas, jajajja, y asi fueron nuestras risas los 20 minutos que estuvimos esperando el metro que nuevo nos devolveria al lugar por el que llegamos hacia casi 24 horas antes.
Llegamos al aeropuerto medio muertos, dormiamos en el metro y seguimos durmiendo durante dos horitas, aun con unos ruidos infernales, en los asientos del aeropuerto, hasta que por fin, nuestro vuelo a Ibiza abrió sus puertas.
24 horas de una vida que merece ser contada, 24 horas inolvidables, 6 de las cuales no puedo contar aqui, motivos personales, pero que nunca se olvidaran.
Las seis horas mas inolvidables de mi vida.
Y desde un rinconcito de Najpearl, siempre vuestra, y enamorada de nuevo, Najwa.

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